Apego Desorganizado: Cuando Quieres Cercanía y a la Vez le Temes

Apego Desorganizado: Cuando Quieres Cercanía y a la Vez le Temes

Quieres que te quieran. Lo quieres de verdad. Pero cuando alguien se acerca, algo dentro de ti se asusta. Un día buscas a la otra persona con urgencia y al siguiente necesitas alejarte. Te sientes a la vez demasiado necesitada y demasiado distante, y no entiendes por qué reaccionas así.

Si te reconoces en esta contradicción, es posible que estés frente a lo que la psicología llama apego desorganizado. Es el estilo de apego menos conocido y, a veces, el más confuso de vivir. Pero entenderlo es un gran paso para empezar a cambiarlo.

Qué es el apego desorganizado

Si ya leíste sobre los estilos de apego, sabes que el apego ansioso busca cercanía con miedo a perderla y el evitativo se protege tomando distancia. El apego desorganizado es distinto: no tiene una estrategia clara. Quiere acercarse y huir al mismo tiempo.

El concepto nació en la investigación con bebés. En 1990, las psicólogas Mary Main y Judith Solomon revisaron grabaciones de niños de un año en la “situación extraña”, el procedimiento en el que su madre salía de la sala y luego volvía. Notaron que algunos niños no encajaban en ningún patrón conocido: caminaban hacia su madre y de pronto se detenían, se quedaban congelados o se acercaban de espaldas. Parecían querer consuelo y temerlo a la vez.

¿Qué tan frecuente es? En 1999, el investigador Marinus van IJzendoorn y sus colegas reunieron decenas de estudios y encontraron que, en muestras de familias sin factores de riesgo especiales, alrededor del 15% de los bebés mostraban este patrón. La cifra era más alta en contextos de mucho estrés o adversidad.

De dónde viene: el miedo sin salida

Mary Main y Erik Hesse propusieron en 1990 una explicación que se volvió central: el apego desorganizado aparece cuando la persona que debería dar seguridad es también, de alguna forma, una fuente de miedo.

Un niño asustado corre hacia quien lo cuida. Ese es el instinto. Pero si quien lo cuida es impredecible, se asusta a sí mismo o asusta al niño, el niño queda atrapado: su instinto le dice que se acerque a esa persona y también que se aleje de ella. Main y Hesse lo llamaron “miedo sin solución”.

Esto no siempre implica maltrato. Puede aparecer, por ejemplo, cuando un padre o una madre carga un duelo o un trauma no resuelto y, sin quererlo, reacciona con miedo, desconexión o cambios bruscos. Por eso, en 2017, un grupo amplio de especialistas liderado por Pehr Granqvist publicó una advertencia importante: el apego desorganizado no es una prueba de que alguien haya sufrido abusos y no debe usarse para diagnosticar ni para culpar a las familias. Es una señal de que algo en el vínculo temprano fue confuso o atemorizante, no un veredicto sobre lo que pasó.

Llave con borla de lavanda en la cerradura de una puerta

Cómo se ve el apego desorganizado en la adultez

En la adultez, los investigadores Ramona Paetzold, Steven Rholes y Jamie Kohn describieron en 2015 este patrón como una mezcla de deseo de cercanía, miedo a la pareja y miedo a perder el control de las propias emociones. En la vida diaria puede verse así:

  • Te acercas y te alejas sin un motivo claro. Un día escribes con urgencia; al siguiente sientes que te ahogas.
  • La calma te pone en alerta. Cuando la relación va bien, esperas que algo malo pase, o lo provocas sin querer.
  • Tus reacciones te sorprenden. A veces sientes que respondes con una intensidad que no corresponde a la situación, o que te “desconectas” en medio de una discusión.
  • Te cuesta confiar en la otra persona y en ti misma. No sabes si puedes creer lo que te dice, pero tampoco si puedes creer lo que sientes.
  • Te atraen las relaciones intensas o caóticas, porque lo inestable se siente conocido. En estos vínculos es más fácil caer en dinámicas como el trauma bonding.
  • Sientes vergüenza de tus contradicciones, como si hubiera algo “roto” en ti.

En adultos, este patrón se parece mucho a lo que los psicólogos Kim Bartholomew y Leonard Horowitz llamaron apego temeroso, que mencionamos en apego evitativo: desear la cercanía y temerla a la vez. Aunque los investigadores todavía discuten si son exactamente lo mismo, se parecen mucho en cómo se viven.

Apego desorganizado, ansioso y evitativo: la diferencia

  • Ansioso: “Necesito que te quedes, y temo que te vayas”. Estrategia: acercarse.
  • Evitativo: “Estoy mejor sola, no te necesito tanto”. Estrategia: alejarse.
  • Desorganizado: “Te necesito y me das miedo”. Sin estrategia estable: acercarse y alejarse.

Si te identificas más con el miedo al abandono, lee apego ansioso.

¿Se puede sanar el apego desorganizado?

Sí. El apego no es una condena fija. Como explicamos en el artículo de los estilos de apego, la investigación muestra que puede cambiar con experiencias nuevas, hasta llegar a lo que los especialistas llaman seguridad adquirida.

En el apego desorganizado, el camino suele ser más lento, porque no se trata solo de cambiar ideas, sino de enseñarle al cuerpo que la cercanía puede ser segura. Estos pasos ayudan:

1. Ponle nombre a la contradicción. Cuando sientas el impulso de acercarte y huir al mismo tiempo, dilo en voz baja: “una parte de mí quiere cercanía y otra tiene miedo”. Nombrar las dos partes, sin elegir una, baja la confusión.

2. Calma el cuerpo antes de decidir. En los momentos de mucha activación, no es buen momento para terminar una relación, enviar un mensaje largo o tomar decisiones grandes. Respira, sal a caminar, espera unas horas.

3. Elige relaciones de ritmo lento. La intensidad te resulta familiar, pero no te conviene. Una relación que avanza despacio le da a tu sistema nervioso tiempo para confiar.

4. Rodéate de vínculos estables. Amistades, familia elegida, grupos donde puedas equivocarte sin perder el lugar. Cada experiencia de cercanía segura es una lección nueva para tu cuerpo.

5. Busca terapia con experiencia en trauma y apego. Este es probablemente el paso más importante. Un profesional puede ayudarte a entender tu historia sin juzgarla y a construir poco a poco una base más segura. La relación con un buen terapeuta es, en sí misma, una experiencia de vínculo seguro.

Mujer sentada en el pasillo con una taza, mirando el atardecer

Si tu pareja tiene apego desorganizado

  • Sé predecible. Cumplir lo que dices, a la hora que dijiste, es una de las cosas que más ayudan.
  • No tomes cada alejamiento como algo personal, pero tampoco aceptes cualquier cosa. Entender no significa soportar el maltrato.
  • Cuida también tu bienestar. Acompañar a alguien con heridas profundas puede agotar. Tus límites también importan; tienes ideas concretas en cómo poner límites sin sentir culpa.

Preguntas frecuentes

¿El apego desorganizado es un trastorno?

No. Es un patrón de apego, no un diagnóstico. Puede convivir con otras dificultades, como la ansiedad o las secuelas de experiencias traumáticas, que sí conviene evaluar con un profesional.

¿Tener apego desorganizado significa que sufrí abusos en la infancia?

No necesariamente. Puede aparecer por muchas razones, incluidas las pérdidas o los traumas no resueltos de quienes te cuidaron. Los especialistas insisten en que no se debe usar como prueba de maltrato.

¿Puedo tener una relación sana con apego desorganizado?

Sí. Con autoconocimiento, apoyo y relaciones que avanzan a un ritmo seguro, muchas personas construyen vínculos estables y amorosos.

Tu historia se puede reorganizar

Si tu forma de amar se siente como un ir y venir que no controlas, recuerda esto: no estás rota. Aprendiste a sobrevivir en un vínculo que, al mismo tiempo, te cuidaba y te asustaba. Esa estrategia tuvo sentido entonces. Hoy puedes aprender otra, con paciencia y con compañía.

Este artículo forma parte de nuestra guía completa: Estilos de Apego: Guía Completa para Entender Cómo Amas.

Referencias

  • Main, M., & Solomon, J. (1990). Procedures for identifying infants as disorganized/disoriented during the Ainsworth Strange Situation. En M. T. Greenberg, D. Cicchetti y E. M. Cummings (Eds.), Attachment in the Preschool Years (pp. 121–160). University of Chicago Press.
  • Main, M., & Hesse, E. (1990). Parents’ unresolved traumatic experiences are related to infant disorganized attachment status: Is frightened and/or frightening parental behavior the linking mechanism? En M. T. Greenberg, D. Cicchetti y E. M. Cummings (Eds.), Attachment in the Preschool Years (pp. 161–182). University of Chicago Press.
  • van IJzendoorn, M. H., Schuengel, C., & Bakermans-Kranenburg, M. J. (1999). Disorganized attachment in early childhood: Meta-analysis of precursors, concomitants, and sequelae. Development and Psychopathology, 11(2), 225–249.
  • Granqvist, P., Sroufe, L. A., Dozier, M., Hesse, E., Steele, M., van IJzendoorn, M., et al. (2017). Disorganized attachment in infancy: A review of the phenomenon and its implications for clinicians and policy-makers. Attachment & Human Development, 19(6), 534–558.
  • Paetzold, R. L., Rholes, W. S., & Kohn, J. L. (2015). Disorganized attachment in adulthood: Theory, measurement, and implications for romantic relationships. Review of General Psychology, 19(2), 146–156.
  • Bartholomew, K., & Horowitz, L. M. (1991). Attachment styles among young adults: A test of a four-category model. Journal of Personality and Social Psychology, 61(2), 226–244.

Lee también:

Clara LucenaClara Lucena — Escritora y divulgadora sobre relaciones, comportamiento humano y vínculos afectivos.
Este contenido es informativo y no sustituye la atención de un profesional de la salud mental.